La encrucijada de la educación: una mirada desde América Latina


Durante muchos años, diversos sectores sociales han se han preocupado porque las Niñas, Niños y Adolescentes –NNA- tengan la posibilidad de acceder a una educación de calidad. Sin embargo, esta posibilidad se ha reducido o se ha visto obstaculizada debido a las crisis económicas, políticas, sociales e incluso culturales que repercuten de manera directa en los modelos educativos.

Desde esta perspectiva, la institución educativa pareciera que se ha quedado rezagada ante los cambios que se registran en sociedades que son cada vez más globales, incluso llevando a repensar el concepto de ciudadanía.

El humanismo planetario al que alguna vez hizo referencia el Profesor Edgar Morin, parece ser hoy una constante y necesidades básicas como el hambre, el desempleo, la falta de vivienda digna, la violencia, y el acceso equitativo al sistema educativo no han podido ser resueltas.

Este contexto de dificultad se refleja en los sucesos recientes ocurridos en México con la desaparición de 43 estudiantes normalistas y de docentes en Ayotzinapa; las protestas en Guatemala y Honduras contra la corrupción en las instituciones públicas; las demandas de una verdadera educación gratuita y de calidad en Chile y las manifestaciones en Brasil.

Ante esto cabe preguntarse, ¿qué puede hacer la educación para la formación de una ciudadanía cada vez más consciente y comprometida con las transformaciones sociales?

En primer lugar es imprescindible que los sistemas educativos de la región evolucionen y mejoren de cara a las nuevas exigencias de sociedades cambiantes, pues no es aceptable desde ningún punto de vista, que sea justamente la mayor parte de la población la que quede excluida de procesos formativos.

De otra parte, es pertinente que la construcción de los servicios educativos en nuestros países se ocupe e interese fundamentalmente en la formación inicial de docentes, pues sólo a través de la profesionalización y actualización de aquellos que ya se encuentran en servicio lograremos reconsiderar y optimizar las metas educativas.

Tal y como lo menciona el Profesor Luis Benavides Illizaliturri, uno los problemas más visibles con respecto a la formación de maestros, es que no hemos imaginado el perfil de desempeño de docentes ni de quienes egresan de nuestras instituciones educativas.

Sin este componente de formación resuelto, ¿cómo deseamos que haya una ciudadanía más comprometida con el desarrollo integral de sus sociedades, si la “escuela” permanece ajena a las transformaciones sociales desde sus propias competencias, desde su propio quehacer en tanto “tanque de pensamiento”? No olvidemos lo que mencionaba con tanta insistencia Paulo Freire: la escuela no cambiará el mundo pero si transformará a las mujeres y a los hombres para que sean ellas y ellos quienes transformen el mundo.

La condición previa -como nos vuelve a recordar el Profesor Morin- es que antes debemos transformar profunda y radicalmente nuestra forma de pensar para que luego podamos revolucionar nuestros modelos educativos.

En suma, América Latina necesita una nueva institucionalidad educativa y un entramado de nuevos pensamientos y conocimientos sobre la base del pasado, con la certeza del presente y la mirada en el futuro que nos espera. Es decir, la escuela deberá reorientar su labor pedagógica hacia “les ancies régimens” y hacia la era de la posmodernidad, pues  no cabe duda que una educación que forme ciudadanos podrá  incidir con mayor fuerza en la construcción de ideas y soluciones pertinentes para los conflictos sociales.

Otto Rivera
Sociólogo y Profesor Universitario
Consultor en el Ciclo de Políticas Educativas y Primera Infancia
Ciudad de Guatemala, Guatemala